Royal master: cómo transformar una experiencia negativa en positiva

Por: Carlos Andrés Naranjo-Sierra Las fincas modestas, como en la que vivo, generalmente no tienen tubería de agua caliente, de modo que hay que instalar una ducha eléctrica en el baño si no se quiere morir de hipoxia, falta de oxigeno, e hipotermia cada mañana. Conseguir quien lo haga tampoco es sencillo, aunque no lo crean, de modo que me día a la labor de hacerlo yo mismo. Primero instalé una ducha, no Royal master, cuya felicidad me duró una semana. Algo sucedió cuando una amiga entró a una ducha y salió de un sauna. Una nube blanca de vapor emigró del baño y con ella mis ganas de bañarme en las mañanas. Me dirigí al almacén de cadena a solicitar la garantía de dos años que anuncian, me dejaron frío con la noticia: quince días, hábiles, sin agua caliente mientras la revisaban. Como no estaba dispuesto a tener una vida miserable por casi veinte días, me dirigí a la sección de duchas y compré otra, total si me arreglaban la que dejé en garantía, quedaba con un repuesto para ocasiones como ésta. Salí presuroso a la finca para instalarla, alicate, tijeras, cable y cinta aislante en mano. Media hora después mis mañanas se habían arreglado. Estaba lista la ducha. Abrí el agua y un relámpago cruzó el baño. Desconcertado vi que salía por la nueva ducha, un chorro de agua con la temperatura ideal para bañar a un oso polar. Furioso decidí escribir al correo que aparecía en el empaque, no era posible que una ducha nueva no soportara ni siquiera diez segundos de funcionamiento. “Queridos señores de Royal master: que duchas tan malas”. Una hora después tenía la respuesta del señor Oscar Romero del área comercial preguntándome algunas cosas sobre la instalación. Al parecer yo había olvidado un pequeño detalle que consistía en comprar una ducha de 220 voltios para una conexión de las mismas características pues obviamente las de 110 voltios se queman al recibir el doble de su capacidad. El error era mio, había comprado esta vez la ducha equivocada. Respondí el correo contando mi equivocación y preguntando que podía hacer. Me confirmaron que no tenían en Medellín duchas de esas características pero que si la enviaba a Bogotá, me la cambiaban. Así fue, ocho días después tenía mi nueva ducha de 220 voltios instalada en mi finca, incluso antes de que el almacén de cadena respondiera por la garantía de a primera. Muchas empresas parten de la mala fe del cliente para responder por sus productos. Demoran la entrega o se valen de la norma para impedir reclamos. Perfectamente me pudieron decir que la culpa era mia por no fijarme en el voltaje, pero no. Me ayudaron y ahora cuento con gratitud esta experiencia, que creo que es más valiosa que una ducha pero no que un baño con agua caliente.